Las Primeras Bienales

Cesar Espinosa y Araceli Zúñiga

 

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Posterremoto, iniciadas a finales de 1985 y principios de 1986, las Bienales de Poesía Visual y Experimental en México tuvieron como meta implantar y difundir en el medio artístico de este país la tradición y práctica del texto/acto sonorovisual poético –con antecedentes milenarios y expresiones en todos los movimientos de vanguardia del pasado siglo.
Se buscaba, entonces, promover su despliegue ampliado y con ello su inserción en los diversos campos de exploración, autoanálisis, desconstrucción y experimentación de las poéticas y lenguajes artísticos que se practicaban en México durante el final del siglo pasado y actual principio de siglo. Valga decir, de aquellas prácticas que emergen en alternancia de los dominadas por la dictadura del mercado o la esclerosis academizante.
En 1985, cuando se convocó a realizar la Primera Bienal, nadie hablaba en México sobre estos conceptos. A su vez, al llegar a 1990 –al celebrarse nuestra Tercera Bienal– incluso la exposición antológica de Octavio Paz, realizada en ese año, contó con un capítulo dedicado a la poesía visual.

En los años 1980, la Bienal Mexicana vino a revitalizar en Latinoamérica las prácticas de la experimentación visual poética. Los propios brasileños, que llevaron la avanzada a finales de los años 1950 y los 1960 –con la Poesía Concreta y el Poema Proceso–, intentaban una suerte de síntesis y se veían introvertidos; hubo antecedentes importantes en Argentina y Uruguay, mientras en Europa y Estados Unidos la experimentación poética saltaba de la hoja de papel a la acción corporal (performance y polipoesía), el video y los recursos de la alta tecnología: multimedia, laser (holograma), la computadora y el arte virtual.

Así, como foco de atención y difusión, al obtener una amplia participación internacional –que oscilaba en cada edición entre 150 y 300 autores– y una creciente presencia de artistas locales, dentro de su ramo la Bienal Mexicana se constituyó en la más importante de Latinoamérica, a pesar de no ser competitiva ni otorgar premios ni distinciones o reconocimientos de prestigio; sólo equiparada con la muestra “Inter-Signos” realizada en Sao Paulo en 1988 y que celebró su segunda edición una década después.

Artistas que actúan continuamente en diversos países de Europa y América del Sur y del Norte, como Enzo Minarelli, Fernando Aguiar y Clemente Padín, han destacado la importancia de la Bienal Mexicana, observando que mientras los festivales europeos son más restringidos y se limitan a uno o dos aspectos, aquí se ha dado margen para desplegar el amplio abanico de la poesía experimental comprendiendo al performance, la polipoesía y la poesía sonora, la videopoesía, las acciones callejeras con el público, las exposiciones de poesía gráfica/visual y concreta, así como de poesía electrónica, coloquios teóricos y documentales, y sesiones de danza y experimentación musical.

Al llegar a la Décima Bienal con carácter de exposiciones globales y programación multivariada, los coordinadores de las bienales –Araceli Zúñigay César Espinosa– decidieron dar por terminado el ciclo de las actividades con ese formato y proceder a establecer un organismo con capacidad para desarrollar labores de investigación, docencia, asesoría, promoción de exposiciones y presentación de realizadores, así como la conservación y cuidado del acervo en trabajos artísticos, registros sonoros y videograbados, artículos y materiales de orden teórico e histórigráfico, además de un amplio conjunto de volúmenes bibliográficos y hemerográficos.

Al respecto, es importante mencionar que en 1996, al celebrarse la Quinta Bienal, asistieron a México alrededor de veinte artistas internacionales, quienes acordaron emitir un pronunciamiento que se llamó Primera Declaración de El Chopo, donde se planteaba la necesidad de contar con un centro de información y recopilación de trabajos y estudios creativos y teóricos; y en 2012, una vez cerrado el ciclo de las bienales en su formato inicial, con motivo del viaje a México de Clemente Padín y de Jaap Blok se retomó la propuesta anterior mediante la emisión de la Segunda Declaración de El Chopo, a fin de darle continuidad
y capacidad organizativa al proyecto de las bienales en calidad de Asociación Civil.
Hasta este momento, los curadores de las bienales han abierto un weblog que presenta la historia de las diez bienales http://profunbipoviex.blogspot.mx/ así como una página en la red social Facebook que mantiene contacto diario y recibe trabajos, informaciones y comentarios de alrededor de 500 artistas miembros http://www.facebook.com/#!/groups/poexperimental/.

¿Quiénes fueron los participantes mexicanos en estas Bienales? A ojo de pájaro, muy tentativamente recordamos la presentación de artistas reconocidos en el medio plástico como Felipe Ehrenberg, Maris Bustamante, Mónica Mayer, Víctor Lerma, Melquiades Herrera, Leticia Ocharán, Laura Elenes, Marcos Kurticz, Adolfo Patiño, Eloy Tarcisio, Zalathiel Vargas, Alberto Gironella, así como otros que consolidaban su carrera como César Martínez Silva, Mauricio Guerrero, Vicente Rojo Cama, Guillermo Gómez Peña, Juan José Díaz Infante, Francisco Mata Rojas, Jorge Pérez Vega, Katnira Bello, Víctor Sulser, entre otros más, así como estudiantes de arte y diseñadores visuales que encontraban un medio para mostrar sus
propuestas e inquietudes.

Por lo que toca al medio literario hubo una intervención más limitada, reveladora de un acendrado conservadurismo; se contó con trabajos de Roberto López Moreno, Carmen Boullosa, Perla Schwartz, Norma Wanless, Guadalupe Elizalde, Lourdes Sánchez, María Luisa Cabanillas, Jorge Ritter, Andrés González Pagés, Olivia de la Torre, Roberto Fernández Iglesias, Elizabeth Cazessus, Víctor Sosa, Alfredo Espinosa, Carlos Pineda, así como la participación de críticos de arte y filósofos como Alberto Híjar, Graciela Kartofel y Guillermo Rousset Banda.
Luego de más de dos décadas de estar presentes y alrededor de veintitantas exposiciones realizadas, con diez catálogos y una veintena de carteles publicados, así como cuatro memorias documentales, las Bienales de Poesía Visual se tornaron en una realidad del campo artístico mexicano, aunque a contrapelo de los programas burocráticos de cultura y los circuitos de especulación artística.


II
La realización de las primeras bienales estuvo antecedida, por una parte, por la presentación del “Poema Colectivo Revolución”, convocado en 1981 por el grupo de arte-correo Colectivo-3 y que se exhibió en la Pinacoteca de la Universidad Autónoma de Puebla (1982) y en el plantel Xochimilco de la Universidad Autónoma Metropolitana, en la Ciudad de México.
Estuvo compuesto por alrededor de 400 trabajos provenientes de cuarenta países, que hicieron variaciones en torno al polémico tema dedicado en especial al triunfo de la Revolución Sandinista, y a la que estaba en curso en El Salvador, en esos primeros años de los 1980.
Treinta años más tarde, el Poema Colectivo “Revolución” volvió a ser exhibido en el Museo de la Ciudad de México dentro de la exposición de Arte Correo curada por Mauricio Marcín.

La otra línea previa a la puesta en escena de las bienales fue la edición desde 1982, por el mismo grupo, de la carta antológica Poesía en Circulación y de la carta-revista de poesía alternativa Postextual (1986), que publicaron trabajos de poetas visuales de veintitantos países: Alemania del este, Checoslovaquia, Hungría, Polonia y Rumania bajo la égida socialista, así como de Argentina, Uruguay, Brasil y Chile bajo las respectivas dictaduras; además de textos historiográficos y teóricos.

Estos antecedentes, que procedían directamente del movimiento internacional del Arte-Correo, fueron una parte medular de las Bienales de Poesía Visual-Experimental porque a través de la red de comunicación postal fue como se trasladaron y llegaron a México los trabajos desde muy diversos puntos del mundo. De hecho, se trataba de una obra “ultraligera” en su parte física: fotocopias, una multitud de trabajos hechos en hojas de papel, tarjetas postales, impresiones con sellos de goma, fancines y libros-objeto, a veces una cartulina, una pieza de cartón, objetos diversos, pero todo debía ser transportado por la vía postal, con sus respectivas estampillas.

Esto también superó las trabas y aranceles burocráticos por la “importación” de obras de arte, lo cual implica un pago de impuestos por la circulación de la producción artística.
Lo mismo pasó con la censura de los regímenes dictatoriales, muy vigentes a principios y mediados de la década de 1980, cuando los censores no entendían las propuestas artísticas y las dejaban pasar. Ahora, una gran cantidad de materiales creativos son emitidos y captados por las redes de comunicación electrónica, a pesar de los intentos de controlarlas por los gobiernos y las empresas de la industria cultural.
En suma, la poesía visual-experimental sigue en marcha, en devenir ininterumpido y renovándose de acuerdo a los cambios, mutaciones y avatares que tengan lugar en los campos del conocimiento, de la cultura y de las tecnociencias.

Quiero abrir un paréntesis más o menos corto y mencionar que recientemente (2011) apareció un volumen de más de 450 páginas con el título La poesía visual en México, suscrito por el doctor Samuel Gordon como responsable de la compilación, estudio, introducción y edición; en la nota del editor se aclara que el contenido proviene de tres seminarios realizados en igual número de universidades mexicanas, aunque entre ellas no se encuentra la que hace la edición (con sólo 500 ejemplares). El volumen, que contiene ensayos de diez especialistas universitarios, de hecho constituye uno de los pocos, si no el único, de los proyectos de investigación y de difusión referentes a la poesía visual y experimental mexicana elaborado desde ámbitos académicos o de la cultura oficial. Incluso se ha dado el caso, recientemente, de que un maestro de la carrera de Letras no pudo emprender su doctorado en tales materias, ¡porque no había en
la facultad quienes estuvieran calificados para ser sus sinodales!

Solamente uno de los estudios del libro profundiza en los antecedentes del periodo virreinal, y no más allá de alusiones fugaces, a título de Notas, ninguno se interesa ni ofrece comentario alguno sobre el fundamental aporte de las grafías escriturales prehispánicas – existentes a pesar de que la nueva religión traída por los conquistadores se encargó a llevar a la hoguera la gran mayoría de los vestigios y “libros” teológicos de las culturas autóctonas.

Igualmente, sólo uno de los estudios hace mención a las diez bienales de poesía visual-experimental (1985-2009) que llevamos a cabo en México, mismas que tuvieron una participación internacional de entre 150 a 300 participantes de numerosos países, y colaboraciones de alrededor de 30 a 50 realizadores mexicanos en cada una.

Por ende, el libro se restringe a dar noticia exclusivamente sobre los cultivadores mexicanos “históricos”, como José Juan Tablada, el movimiento estridentista (que asimismo fue “ninguneado” [Paz dixit] hasta los años de 1990 o 2000); el propio Octavio Paz entre los años 1964-1986, algunos seguidores suyos y el asimismo muchas veces “invisible” Jesús Arellano…

Para el mencionado volumen, el non plus ultra de la poesía visual experimental sigue siendo el caligrama de la antigüedad y el de Apollinaire, la technopaegnia helenística y sus variantes medievales y manieristas-barrocas, con un rejuego “experimental” que siempre se mantiene apegado a la literatura sustancialista y sus juegos de espejos de expresión-representación-significación.


PRIMERA Y SEGUNDA BIENALES

En 1985 se constituyó el equipo Núcleo Post-Arte –César Espinosa, Araceli Zúñiga, Leticia Ocharán (†1997), Cosme Ornelas, María Eugenia Guerra y Jorge Rosano– para convocar a través del correo a la Primera Bienal Internacional de Poesía Visual y Alternativa; la muestra debió exhibirse en octubre y noviembre de ese año, pero debido a los sismos de septiembre sólo se inauguró, en diciembre, la sección Portugal: Poemografías, curada por Fernando Aguiar y, aquí, por Jorge Rosano, en la galería “Zenzontle” de la Cineteca Nacional; la muestra en su conjunto se abrió en enero de 1986 en el centro cultural “Jaime Torres Bodet” del Instituto Politécnico Nacional. La sección Reporte Italiano se presentó en la galería de la librería Gandhi, en febrero del mismo año.
Luego siguió un ciclo itinerante por la Universidad Autónoma de Puebla y en la galería “Ramón Alva de la Canal” de la Universidad Veracruzana, en Jalapa. El recorrido culminó a finales de 1986 en el centro cultural “José Martí” del gobierno de la Ciudad de México, a un lado de la popularísima Alameda Central; allí tuvo lugar un amplio programa de acciones paralelas de talleres y performances a cargo del Taller de Psicomúsica dirigido por Guillermo Villegas (†) y Consuelo Deschamps del Conservatorio Nacional de Música.
A su vez, la Segunda Bienal se inauguró en la Pinacoteca Universitaria de la Universidad Autónoma de Puebla y de allí pasó a la Galería de la Universidad Veracruzana, en mayo y julio de 1987, en ambos lugares con intervenciones del mencionado Taller de Psicomúsica.
Se exhibió después en la biblioteca de la Universidad Autónoma de Nuevo León, en Monterrey, y posteriormente en la Galería Municipal de la ciudad de Mexicali, Baja California, así como en el campus de Calexico de la Universidad Estatal de San Diego, California, en EEUU. Hubo sesiones de poesía sonora y videopoesía, así como de radio – arte chicano por parte de Guillermo Gómez Peña.
Para concluir sus actividades, la II Bienal confluyó a la Ciudad de México para exhibirse simultáneamente en la Galería del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, en la Quinta Colorada del parque capitalino de Chapultepec y en el vestíbulo del Conservatorio Nacional de Música. Aquí participaron los artistas E.M. de Melo e Castro, de Portugal, Enzo Minarelli, de Italia, Pedro Juan Gutiérrez, de Cuba, y Andrzej Dudek-Dürer, de Polonia, además del Taller de Psicomúsica.

Como “puente” entre la Primera y la Segunda Bienales se realizó la exposición “Poemex I”, primera muestra de poesía visual y experimental mexicana, en abril de 1987, con obras de veinte realizadores en la antigua Academia de San Carlos, de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Se mostraron trabajos en computadora, por Laura Elenes, y hubo acciones de tipo taller y performances con participación del público coordinadas por el citado Taller de Psicomúsica.
A su vez, en octubre de 1988 se efectuó “Poemex II”, segunda sección mexicana, en la Sala Ollin Yoliztli del gobierno capitalino. Varios de los participantes realizaron acciones poéticas, como Leticia Ocharán (†), Lourdes Sánchez, Roberto López Moreno, Laura Elenes (†) y Norma Lorena Wanless.

      
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Este proyecto se realizó con apoyo del Estímulo a la Producción de Libros derivado del Artículo transitorio cuadragésimo segundo del Presupuesto de Egresos de la Federación, 2012.
Estímulo de apoyo a la producción de obras literarias nacionales.